
Los Circos y parques de diversiones nos sorprenden llegando a nuestras ciudades de una forma mágica, inesperada.
Transcurría la primera mitad del mes marzo, y en esta oportunidad fueron ellos los impactados, sin tiempo a la reacción, por la llegada del covid-19 y la posterior entrada en cuarentena, la cual se extendería en un principio por quince días más o menos. Fue tan abrupto el cambio que no les dio tiempo de hacer demasiado.
Estaba todo preparado para el gran debut. La llegada de las funciones escolares (dado que hacía muy poco del inicio del ciclo lectivo), el reparto de bonos en las puertas de las escuelas. Para muchos, la primera plaza después de haber realizado las vacaciones de verano en algún lugar de nuestra querida Argentina. El inicio del tumba y pare, diagramar las giras, hasta llegar a las vacaciones de invierno en otro lugar de nuestro hermoso país. ¿Y por qué no?, de paso participar del Festival de circo y el torneo anual de fútbol que se realiza en la capital Bonaerense.
Como quien observa una foto en el tiempo, como si un mago malvado los hubiese tocado con una varita, todo quedó interrumpido, inclusive hasta hoy, transcurridos más de cuatro meses esperando ese tan ansiado debut.
Es sabido que este tipo de eventos y/o espectáculos que realizan circos y parques de diversiones se solventan y subsisten gracias a la venta de entradas y boletos. Con el pasar de los días, sin ingresos y viendo que los ahorros o fondos disponibles, tanto de dueños como empleados se iban consumiendo y sin una fecha certera de regreso, debieron reinventarse.
Se dice que la “gente de circo” es multifacética. Si uno pasa y observa cuando está llegando un circo o un parque de diversiones puede ver que las mismas personas hacen una variedad de actividades, desde cortar el pasto antes de armar, soldar, realizar las instalaciones eléctricas, pintar, etc.
En este abanico de posibilidades no dudaron y no dudan aún hoy, en salir a hacer diferentes actividades para poder llevar dinero a sus hogares Podemos mencionar, trabajos de soldaduras, pinturas, fletes, ventas de pochoclos, copos de azúcar, todo tipo de tortas, panificados y comidas. Trabajos de costuras, barbijos, alquiler de camiones, empleados en la cosecha de frutas, verduras, trabajos en el carbón, alquiler de maquinarias, clases de acrobacias y algunos también debieron vender parte de sus pertenencias y hasta vehículos para subsistir.
Es importante destacar, que todos manifiestan el alto nivel solidario de los vecinos ocasionales con los que les tocó compartir esta pandemia. Seguramente para muchos la primera vez que están tanto tiempo en el mismo lugar. Hay que resaltar que fundaciones, agrupaciones, entidades y municipios han ayudado a esta comunidad, que por hoy tienen sus luces y música apagadas.
Todos coinciden en la necesidad de continuar haciendo lo que sea y que saben para poder subsistir, pero hay añoranza de volver a su trabajo…Viajar, llegar, armar, divertir, alegrar, entretener, disfrutar y volver a viajar...